Todos los que hemos practicado el yoga y el mindfulness hemos deseado haberlos conocido antes. Regalemos esa oportunidad a nuestros hijos y nos lo agradecerán.

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¿Pueden nuestros hijos concentrarse?

Es posible que, si nos hacemos esta pregunta, lo primero que nos venga a la cabeza sea una expedición para escalar el monte Everest. Que nos veamos cruzando el Atlántico en patinete de playa. O que sencillamente, al enfrentarse a un reto de ese calibre, nuestra mente reaccione quedándose en blanco y entonces pensemos que los que hemos entrado en un nuevo estado de la conciencia seamos nosotros.

Pero el hecho es que sí, nuestros hijos pueden concentrarse. Y pueden hacerlo sin tener una pantalla delante. Y hasta pueden divertirse haciéndolo.

Los niños y jóvenes que practican el mindfulness y el yoga no sólo se divierten, sino que además mejoran su rendimiento escolar. Estimulan su memoria y su imaginación, aumentan su su autoestima y aprenden a regular su energía y su conducta. Cada vez son más los psicólogos que recomiendan incluirlos en la oferta de actividades extraescolares, y cada vez hay más estudios que demuestran que los niños y los jóvenes que los practican no sólo son más sociables, empáticos y equilibrados, sino que también experimentan mejoras evidentes en su salud física: aumentan su flexibilidad y desarrollo muscular, adoptan hábitos de alimentación más responsables y, a través de las asanas (posturas) del yoga, aprenden a colocar adecuadamente su columna vertebral, previniendo con ello la aparición de posibles malformaciones y dolencias que les acompañarían toda su vida adulta.

Además, al ser ambas actividades no competitivas y practicarse en grupo, aumentan el compañerismo y la sociabilidad, ayudando a relacionarse a los niños más retraídos y enseñando pautas de respeto y aceptación.
¿Tiene nuestro hijo alguna lesión que limite su movilidad? No importa: las posturas del yoga son fácilmente adaptables a todos los físicos. ¿Muestra síntomas de hiperactividad? Tanto el yoga como el mindfulness le enseñarán a concentrar su atención y a autorregular sus emociones. Podríamos seguir poniendo ejemplos, pero la conclusión siempre sería la misma: el yoga y el mindfulness sólo tienen beneficios y los tienen para todo el mundo.

Nunca es tarde para practicarlos, y menos todavía pronto.

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